jueves, 25 de diciembre de 2014
P u r o d r a m a: La muerte de Heriberto Yépez y la literatura y el ...
P u r o d r a m a: La muerte de Heriberto Yépez y la literatura y el ...: Venía en el autobús, de camino al coloquio para presentar esta ponencia y leí en twitter que Heriberto Yépez había muerto (lo cual dicho s...
martes, 2 de septiembre de 2014
Ixtlamachiliztli
Ixtlamachiliztli
Si estoy en lo correcto y el conjunto de
almas humanas tuviera formas delimitadas para existir como las hay en las
frecuencias en las que resuenan los sonidos entonces podemos aproximarnos a
identificarlas de igual modo, indicando la naturaleza de tono o
color intrínseco de cada alma como si percibido por un cierto sentido exterior que yace por ahora en nuestra ciencia bajo la palabra de "intuición a primera vista", captando
los tipos de carácter del alma como lo haría un físico con sus intrumentos de medición. El instrumento de la percepción que existe en todo ser humana es capaz de analizar las sonrisas y el acento de la voz y mal o bien clasifica la figura del alma al que pertenece según su criterio cada individuo. Pero nuestra nueva ciencia emitirá un juicio tan preciso
como las que puede dar un músico sobre los tonos y semitonos o geomtra sobre las formas geométricas.
El espíritu humano que anhele la salud se
colocará en el gozne mismo de su creación y allí encontrando su humanidad percibirá que se es ajeno a si mismo, viendose en todos los rostros reflejados, y sin identificarse en ninguno los identifica a cada uno dentro de sí, palpándo su ánimas, escuchando sus formas y
proyectando en su pensamiento la trayectoria de cada uno. Es aquí en éste quietud de la mente donde me parece se encuentra el lugar de donde
se conciencian los moldes de las almas, ahí no existe vicio ni virtud, el alma se encuentra libre y de color perla blanco y es capaz en ese especifico lugar y momento de percibir todos
los colores sin ningún juicio propio que la sola naturaleza del color mismo, entonces
el alma deja de serlo y se concibe a sí misma como un gran espíritu que yace dentro
de todas las formas y frecuencias de luz que permite el universo ¡Si ese lugar
existe... y se encuentra en el quid de cada alma humana!…solo es cuestión de
educar el rostro del espíritu y valorar de nuevo la antigua palabra náhuatl del
Ixtlamachiliztli para poder encontrarse con uno mismo.
jueves, 10 de octubre de 2013
SIBILA (capitulo III)
III
Dueño de chinchorro y buen pescador,
mi padre, Don Vidal Izbașa me enseñó por mi mucha fuerza de voluntad el arte de la redada de peces y el manejo del
arpón para obtener en cada día de mi separación a los estudios el alimento que
de mi tía Subi ya no sacaba en sus podridas alacenas y secos libros. Aunque era
mi padre un saudoso empedernido tuve por bien acercarme a él. Don Vidal fue el
primer pescador que tuve a la mano para aprender a quitarme el terror a la
familia haciendo esto por conveniencia mía y de la familia en aportar para la casa. Yo
una niña todavía conocí poco sobre las saudosias de los marineros y de las
recias empedernidades que la vida forja en el espíritu de quienes viven de las
aguas, simplemente vi a mi padre como lo que para mí era y no lo que él era
para con el arte de la navegación y lo que la pesca deja para con las manos del
espíritu en los hombres. Sin prejuicios le coloqué toda la disposición a mi padre
para que su ánimo no se cayese de solo en las ocupaciones de la laguna porque
aunque siempre estuvo acompañado de mujeres, en la aguas era él un hombre muy
solitario. Yo su única hija al darle ésta noticia dile entonces también la
fuerza para sobrellevar sus ocultas penas para así yo seguir en la profesión
de la pesquería por herencia familiar. Fue
entonces que yo niña a muy temprana edad me vi mujer.
Antes de los diez años dominé la
pesca con fisga y atarraya, la de atarraya la prefería antes que la fisga
porque gusto mucho de nadar y hacer duelo de pez a hombre con tal de demostrar
que tan mujer era yo y que tan niña dejé de ser cuando tomé esta decisión. Sea
cual sea el motivo pescar con atarraya es sentir con los dedos de los pies el
légamo del fondo lodoso, y hacerlo es algo que degusto mucho, sacas de los
recovecos los peces y los llevas de tus manos al comal y del comal a la boca
directamente. Recuerdo los pies tocando la tierra del lago con mis metatarsos restregándolos
en la tierra mojada como una rana regordeta que se impulsa con un bagre preso
por las fauces. Atarrayábamos por horas en las orillas de la laguna hasta
pasada la luz del día porque el contumaz deseo de mi padre por el trabajo de la
pesca era tanto y tan harto que me llevo a mí a no conocer cansancio si se
trataba de trabajar. Lo miré siempre con entera disposición para todo, lleno de
sonrisas para las dificultades y poniendo dificultades para las cosas que con
facilidad todos preferían por ociosa calma hacer. La abulia no la tuvo y
aquello que aqueja a muchos hombres del mundo se le escurrió de la templada sangre
que le escurría a él como de nacimiento. Así de éste temple eran las venas de
mi padre el saudoso y empedernido Don Vidal Izbașa. Romántico viajero, más alto
que bajo y dispuesto a bajar lo suficiente como para conocer el más tosco
lenguaje de la laguna como para llevarse de a usted con los políticos del
municipio. Bigotudo y tan ardiente amante de mi madre como nadador y cazador de
pato garbancero, gallaretas y pililes, tan diestro en la pesca como en el
galanteo. Sirviéndose su espíritu de las
mismas técnicas para cazar el ánsar, el pez y a la mujer. Y lo digo yo Sibila
Izbașa quien siendo mujer confieso que las técnicas no tienen género cuando de
coqueteo se trata.
Él llegaba seduciendo a sus presas con un nado sigiloso, y siempre atento al
movimiento del ave iba enmascarando de sus intenciones perforando un bule que
ponía en su cabeza para ocultar su rostro verdadero y dar a entender a la mujer
otra cara, seguía así disfrazado de cabeza de bule hasta los remansos tulares donde
se posaban sus víctimas y allí estando en sus casas colocaba el nado a sus anchas, entonces cuando
el ánsar o la mujer se tenían por bien seguras y hasta amados y necesitados de
su presencia él colocaba principio a su descanso y comienzo a su ardiente
arrebato - sujetando bajo las aguas a docenas de patos desde sus palmas y
jalando así con la mirada del corazón a cuantas mujeres quería su voluntad – supe
después por intuiciones de esas que llegan de la memoria de la infancia, cuando
la ceguedad de la vida llega, que pude haber nacido yo así y que pudo mi madre no
haber sido tan de especial cariño para mí padre como en ese entonces yo
pensaba. En fin estas memorias sentimentales no vienen al caso, ahora sirve
decir que no sólo me vi yo con espíritu de linfa nadando ágil para cazar las
gallaretas, los pililes y el pato garbancero sino que fui de ahí a aprender de éstas
remansas formas de caza el arte de enamorar y manipular a los hombres sacando
provecho de las migraciones de todas las aves que llegan desde el norte del
continente hasta la Ciénega del lago de Chapala, en especial de los turistas
estadounidenses quienes fueron mi jugosa presa por mientras estuve en el lago.
Dominé pronto éste arte, haciéndolo
yo misma punteaba mis sistemas de bules en los tulares mientras llegaba la
temporada para cada cosa, ya de pesca, ya de aves o ya de aprovechar de la
jugosa migración del norte. Cuando abril
termina en Chapala no hay ave o pez que den motivo para estar de ociosos
en la laguna y otra vida comienza en la tierra colocando todo hombre de la
ciénega sus manos a los aperos. Trajinan los suelos cada cual en su cuamil y
van cimentándose pepinos de los puños de tierra, borbotes de sandía nacen de
los surcos, hilos largos de cebolla, pelitos de chile de muy bajo y enredaderas
de larga calabaza. Es muy bonito esto desde abril hasta agosto son las horas de
trabajo a Sol abierto. Cuando caía el astro por el cielo de éstas fechas iba yo
para las aguas del Chapala caminando polveada de tierra y curtida de la piel
por los rayos de mi sudor trabajado bajo las gotas del sol y el peso de los
aperos de la labranza.
Así cansada pero muy complacida llegaba al
lago después de arar la tierra andando mirando ahí con intenciones de volver a
las aguas, porque has de saber con más detalle mientras transcurra nuestra compañía
en estas letras que yo me regodeo en la mar, desde ese entonces me gustaba en
armar mi chinchorro sólo por pleno gusto de echarlo a navegar en la laguna. Tenía
un gran secreto de técnica del que pocos pescadores hacían uso, en esto que era
el colocar un palo desde su proa a modo de trinquete bauprés desde donde me colgaba
para ir limpiando los lirios desperdigados que se fueran atravesando en mí ruta
y así poder yo salir del muelle sin ayuda más larga que la de mi vela, mi
ingenio en manipular el viento y mis músculos. Idea de mi padre fue de
colocarle a nuestro chinchorro la entena para relingar una manta que hicimos de
vela y en esto de la navegación a vela me instruí como lo hacía la gente de
Mezcala quienes son todavía los únicos que utilizan su vela cuadrada, tomé
mucho aprendizaje también de los de San Pedro Itsican quienes ponen toldo a su
navegación y aprendí también de la gente de las Tortugas quienes eran los que
mayormente zarpaban para la otra Isleta de Boca del Río de donde supe yo la
mejor ruta para hacerme del negocio de transportar turistas para la isla de los
Alacranes.
Como ya se dijo dejé el latín muy
temprano y lo tuve por educación hasta los siete años y fue de esa a edad hasta
pasado cinco años que me dediqué con toda disposición a la pesquería. Ya los doce
años dominada la técnica del timoneo, izando yo sola mi chinchorro sujetando
con una mano la escota y con otra alzando mi vela cuadrada con una pequeña driza
de mecate mientras subía abordo todas mis jarcias, aparejos de pescar,
anzuelos, carnadas y plomos comenzaba el palanqueo. Mi navegación tuvo el
nombre de La Leona y así llamé a mi
chinchorro por lo que después de tanto andar en ella se me quedo aquello de la leona. Fui desde entonces la más
adiestrada navegante del Chapala de entre todos los de mi edad y de algunos
incluso de mayores años siendo la única que ofrecía viajes hasta la Isla de los
Alacranes por pura cuenta propia, pues no era el mérito de mis fuerzas para
palanquear lo que me llevaba hasta la isla sino que me serví del arte de la
navegación a vela que pocos en la laguna conocen tan bienamente. Con ese gran
alborozo y poco cansancio me ganaba yo de dineros, transcurriéndome así ésta
bella fortuna hasta los quince años.
lunes, 7 de octubre de 2013
SIBILA (capítulo II)
II
Sobre el cómo la falta de apego a todas las
artes y mi repego a la vida pura en todas sus formas formaron mí persona.
Sabiendo que el mundo se compone de
cosas que la lengua nuestra llama apocadamente sustantivos me decliné muy
pronto a dominar el idioma extranjero que mucha fama tiene en desgajarlos, digo
a los sustantivos y no a los extranjeros porque a veces se pueden entender mal
las cosas que se quieren decir, así que decidí entregarme a éste estudio con
tal de adquirir la flexión y la plasticidad de la existencia en carne propia y
en los elementos que componen la naturaleza interiormente entera. Con este
motivo dediqué dos años de mi vida al estudio del latín.
Fueron las situaciones estas de
tomarme literalmente todo muy en serio por las que en mi vida me padecí mucha
enfermedad de crítica y fobias ajenas que me me adjudicaron sin nunca pegarme
yo a ellos. Tal fue mi mayor padecimiento pero ten por cierto que fue este
hecho de tomarme todo muy en serio por lo que también aprendí de todo con
pasión y en extremo, y si algo aprendí de las declinadas clases de latín fue a
no bastarme con las copias y requemados de las ideas originales porque me instruí
a leer en original al cardenal Nicolás de Cusa, autor que mi tía Subi Maria me
daba para leer y que en el pueblo dónde crecí sólo se conseguía en traducciones
del original a otro idioma, y de ese idioma a otro y de éste por fin al español
nuestro.
Sabiéndome dispuesta me consideré
preparada para dominar las declinaciones del latín yendo directa al original de
un libro en donde el cardenal Nicolás trata sobre su ignorancia, que es cosa
muy curiosa de tratar no por el tema sino por el cómo lo trata, en fin, este
librito de la docta ignorancia despertó en mí un hambre por encontrar las
recetas del alma platónica, receta que
poco a poco fui ejercitándolas en el cotidiano llevándome en su curso hasta
encontrar las más novedosas formas de este pensamiento, primero di con la
geometría no euclidiana que desarrolla el Nassim Haramein al indagar sobre la
estructura de aquello que se dice vacío, logrando agarrar la fuente de la
energía primaria que esconde la forma primera de todas las cosas. De este
Nassim aprendí mucho pero más me regodeaba en leer sobre materia de economía
porque mi tía Maria Subi me colocó como única obligación y tarea durante mis
clases el leer un tal librito que se llama, ¿Así que quieres aprender economía?
, y claro que al principio mi respuesta fue rotundamente que no porque yo venía
a dominar las cosas del mundo y que por eso había querido tomar clases de latín
y no leer el libro aquel de economía, pero te digo que fue muy de provecho el
haber seguido la norma de su consejo porque en lo que va de mi vida he sacado
mucha ventaja por el conocimiento que me trajo el estudio de la economía física
que el senecto Lyndon Larouche hubo retomado desde la ciencia que olía Leonardo
el de Vinci y que puso en ejecución en Rusia con el desarrollo de las en tal
Godofredo Leibniz. Este conglomerado de gente que mi tía me descubrió lo
asimilé de pequeña en la única forma que se puede asimilar a esas edad y
cualquiera, es decir lo aprendí por medio de machincuepas, trucos gimnásticos,
tocando uno que otro instrumento musical y desarrollando habilidades corporales
aprendí a manifestar no escritamente lo que había leído, y lo hice todo visible
a través del arte de la acción cosa que no supe en ese momento que estaba
pasando porque ya adulta me descubrí
única en hacer esto y sola en mi descubrimiento. Y me dispuse a indagar
inconscientemente sobre cómo asimilar el conocimiento teórico de la armonía del
mundo en mí propio cuerpo y como manifestarla para que los demás así la
descubrieran en sí mismos sin ensimismarse haciendo ésto con una entera
inocencia y total entrega que hasta hoy es mi organismo un rito continúo porque
casé a mi alama para todo lo que va de mí vida con su cuerpo. La vida es un
desconocimiento en el que se nace sabiendo solamente que se nació pasado un tramo
de ésta. El secreto está en olvidarse continuamente y dejarse sorprender por el
hecho de estar vivo y si la persona humana no practica este ejercicio no logrará
mantener la cordura mientras la vida le dure.
Hay verdades pero abundan los
engaños y trampas para los que recién nacidos llegan a éste mundo repleto de vivida
gente que habiendo nacido primero coloca fijamente su confort a costa del
esfuerzo de los demás, y que los otros me engañen pudo pasar, pero que yo a mí
misma me llegue a engañar es cosa para no permitirlo. Viendo pues este retablo
de leyes gramaticales tan sólidas que pinta la vida y viendo también que la
sociedad las considera tan descuidadamente necesarias para vivir, dediqué desde
muy jovencita a mejorar mi voluntad en el arte del vivir y por esta razón tuve
por bien el hecho de abandonar mis clases de latín para dedicarme con empeño a
la declinación innata que me regaló el destino por manipular, organizar,
clasificar, guiar, inferir y accionar en
los elementos de la naturaleza. Pero he aquí que tenía la primera dificultad
que el mundo me puso para contradecirme. Mi madre.
Para mí recia madre Caterina de
Tecomatlán no era opción el abandonar mis clases y por más cuerdo motivo que el
explicase sobre lo que mi tía enseñaba sin saber no iba yo a ablandar con
cariños a la piedras así que diseñé un plan para lograr convencerla a través de
dulces alrevesías pintadas con muy rectas intenciones para que ella no tuviera
detrimento en que yo dejara mis estudios de latín que mi tía Maria Subi daba en
pago por una deuda familiar contraído con mi madre a través de mi padre. E hice
éste mi primer gran plan de fuga a la edad de los siete años, sabiendo que de
seguir siendo de esa manera educada el transcurso de mí vida mí espíritu iría
andar muy tapado en reconocerse y en reconocer de veras los elementos que yo
tenía hambre por explotar libre y naturalmente. Me pasaron los días pensando el
cómo y el cuándo iba yo a soltar mi punzada y llegó entonces el día. El sol se
le paró a mi madre en la cara y yo me acerqué en ese momento a mí madre que
estaba haciendo el menester de la cocina y dije algo así.
-Mama que
rico huele el arroz, pienso que para la próxima con el curry, algunas almendras
y champiñones guisados con ajo y cebolla podrías darle mejor sabor al arroz blanco.
-Que bueno
que te gusto mija, pero el arroz no lleva almendras ¿quién te dijo tales
desfachatez? El arroz es arroz y las almendras sólo en cereal y por las
mañanas, y sólo dos o tres porque sí te pasas te llenas de grasas.
-No son
grasas dañinas. He aprendido muchas cosas con mi tía Subi.
-Sí mijita
tu tía Subi es la mejor maestra que pudimos haber encontrado para que te
educara en tú capricho del latín pero la sopa de arroz déjamela a mí y a tú tía
déjale todo lo que vas a necesitar para estar preparada en gramática. ¿Cómo vas
con tus clases?
- Bien
mama, empezamos hace dos semanas a leer a un escritor latino muy famoso que
escribió un libro muy conocido que gracias a él sabemos que la orbitas son
elípticas y el libro me gusta mucho, se llama La nueva astronomía, lo escribió
Kepler. Ahorita estamos haciendo experimentos con unos aparatos que miran las
estrellas porque queremos descubrir cómo hizo Kepler lo que hizo, que según mi
tía Subi demostró que la teoría de los epiciclos de Ptolomeo, Copérnico y su
maestro el nariz de oro don Tico, estaban equivocadas. Mama Kepler sabía de
muchas cosas… ¿tú crees que también sabia cocinar?, seguro sabía esa receta que
mi tía hace de arroz con almendras y curry y hasta seguro que de ahí de lo que
escribió Kepler mi tía la aprendió.
- ¡Ay Leona! , tú y tus cosas, mira mija tienes
que preocuparte por el futuro y no por esas sandeces, que sí, sí estoy segura
que te aportan algo para cultivarte pero no te lo tomes todo tan en serio,
¿quién te dará para comer cuando no esté yo cocinándote?,¡ah! ¿no va ser el tal
quepler verdad?, y ni tengo yo narices de oro para empeñarla al primero que
pase así que preocúpate más por ahorrar para cuando este grande porque sólo así
serás una persona de provecho. Tienes que saber que tu tía Subi es la mejor
maestra en latín de todo Chapala pero mijita yo aquí en casa soy quien hago la
sopita de arroz.
-Mama…
quiero dejar el latín. Quiero aprender a cocinar, cocinar arroz como tú.
-¿Qué quieres
qué!. No mija huevonsitas aquí no si ya aprendió lo de con su tía se va para con
su padre a la pesca.
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